Obituario dedicado a la desaparecida periodista de Huelma Mar Moreno

13 Marzo 2019

Esperó el tren. Y el tren llegó… Pero ella ya se ha había ido. Era el mismo tren que cogió hace años. No tantos, porque Mar Moreno, “la del Menchis”, la periodista del Teleprograma, la redactora de la revista de Ana Rosa, la redactora jefa de la lujosa revista semanal de El País, SModa, iba a cumplir los 45 en abril.

A los 18, salió de Huelma y entró en Madrid. Comenzaba una carrera, la que siempre quiso correr, que salía de la Facultad de Periodismo. Con cada etapa, aumentaba su prestigio. Por la energía que desprendía, por la pasión que compartía, por el talento que irradiaba, muchos querían seguir su estela. No hay más que leer lo que se ha escrito de ella justo después de que se quedara en la estación de Jódar, mientras esperaba el tren.

Nunca tuvo una meta. Solo, un sueño. El sueño que compartió con su pueblo durante el pregón de las fiestas de 2002. ¡Cómo escribía esta chica! ¡Cómo no iba a llegar tan lejos! Ese pregón, ese relato sincero de una vida sobria, austera, se ha convertido en una revelación. La vida, en el bar de sus padres. La vida, junto al hermano que leía periódicos y revistas. La vida, en un lugar del que hay que escapar para vivir un sueño como el de entrevistar a Isabel Allende, a Bianca Jagger, a Elena Poniatowska, a Blanca Suárez, a Manuel Rivas… A Manuela Carmena, su última entrevista.

Mar Moreno se quedó en un andén vacío. De golpe, se le quebró el corazón. Lo tenía tan lleno de talento, de pasión y de amor que, de grande, se le salió del pecho. Fue a ver a su hermana enferma, esa hermana que la cuidó como una madre cuando su madre también se fue hace muchos años.

No se despidió de Nicolás, su hijo de siete años. Bueno, sí; pero con ese abrazo que se vuelve a repetir a la vuelta. Tampoco se despidió de Juan Pelegrín, el gran fotógrafo que conoció cuando era becaria en Cambio 16 y al que casi convierte en embajador de Huelma. Dio abrazos, sí; eran los últimos abrazos apretados que duraban hasta el reencuentro. Abrazos a sus dos hermanas, a sus entrañables amigos, a ese pueblo del que presumía y en el que se ha quedado para siempre.

Nunca se fue del todo y se ha quedado para siempre. Junto a su padre, junto a su madre… Junto a los dos. Aunque más cerca de aquella mujer que, antes de partir en busca de aquel sueño de convertirse en periodista, la llevó a la ermita de La Fuensanta, la sentó bajo la sombra de unos de los álamos, le puso un puñado de tierra en la palma de la mano…”Y, después de cerrar mis dedos con fuerza, me dijo”: “Nunca, nunca te olvides de esta tierra. A ella tienes que agradecerle todo lo que tienes. Y, aunque ahora no des cuenta de lo importante que es, ella será ese sitio al que siempre podrás volver cuando lo necesites”.

Colegio de Periodistas de Andalucía/Asociación de la Prensa de Jaén, en memoria de una persona que amó y que, de amor, murió muy joven.

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